La mayoría de la gente asume que lo que vemos es aquello que el ojo ve y transmite a nuestro cerebro. Pero nuestro cerebro, por su cuenta, añade bastante más a la información que recibe de nuestros ojos, de manera que buena parte de lo que finalmente vemos está en realidad “creado” por el cerebro.
Algunas peculiaridades de la anatomía del globo ocular hacen posible demostrar esta afirmación.
La parte frontal del ojo actúa como la lente de una cámara fotográfica, dirigiendo los rayos de luz que llegan de los distintos puntos del espacio hacia el fondo del ojo, donde se compone la imagen del mundo que vemos.
Esta imagen se proyecta en el fondo del ojo sobre una serie de células cerebrales (neuronas) especializadas llamaras “fotorreceptoras”: los conos y los bastones, que son excitadas por la luz, transmitiendo al cerebro, por medio de impulsos eléctricos, la información sobre la imagen que está ante nuestra vista.
La capa de “fotorreceptores” es como la película de una cámara fotográfica. Pero esta película tiene un agujero casi en el centro. En la posición de dicho agujero, que es donde se sitúa la cabeza del nervio óptico. Este nervio óptico transmite la información desde el ojo hasta el resto del cerebro.
En el origen o cabeza del nervio óptico no existen neuronas fotorreceptoras, por lo cual el cerebro no recibe información de esa zona de la imagen del mundo exterior.
Por este motivo deberíamos tener un “punto ciego” en el que veríamos una mancha negra (más concretamente dos, uno por cada ojo) y estas manchas estarían situadas bastante próximas a la zona central de nuestro campo visual.
Mire a su alrededor. ¿Acaso ve una mancha negra?.
Se podría responder a esta pregunta diciendo: ¡ Claro, es que el punto ciego de un ojo está en un lugar diferente del punto ciego del otro (lo cual es cierto) y cada ojo compensa el punto ciego del ojo contrario!
¡Bien! Ahora cierre un ojo y mire de nuevo a su alrededor. ¿Acaso ahora ve la mancha negra?
Eh, tal vez es que es demasiado pequeña, tan pequeña que el cerebro la ignora. Pues no, de hecho es bastante grande, como podrá apreciar Vd. mismo si observa la figura y sigue las instrucciones bajo la figura.
Antes de seguir recuerde colocar el puntero del ratón lejos de la figura , si lo acerca a ésta cambiara la posición de la cruz y el circulo, lo cual servirá después para hacer la prueba con el otro ojo. ¡Empezamos!.
Sitúelo a medio metro de la pantalla de su monitor, cierre su ojo izquierdo y mire fijamente, con el derecho a la “cruz”. A la derecha podrá ver el “punto negro”, pero no dirija su mirada hacia él, solo constate que el punto negro esta allí.
Ahora mientras continúa mirando fijamente a la cruz, acérquese, poco a poco a la pantalla. A una determinada distancia (unos 30 centímetros) el punto negro desaparecerá de su vista mientras se acerca. El punto negro deja de verse porque su imagen se proyecta sobre la zona de la cabeza del nervio óptico, sobre el mencionado agujero de la capa de las células fotorreceptoras. Ahí es donde se encuentra el “punto ciego” del ojo derecho.
Prueba ahora, si lo desea, con el otro ojo acercando el puntero del ratón a la base de la figura hasta que cambie su posición la cruz y el punto negro de la figura.
Como podrá apreciar, nuestros ojos tienen un punto ciego de un tamaño bastante considerable. Como mínimo tan grande como el punto negro de la figura.
Pues bien, lo que es realmente interesante en este ejercicio es que en realidad Vs. no ve un agujero en el punto ciego. Cuando el punto negro desaparece no se queda un hueco. Lo que ve en su lugar es un campo blanco continuo, sin nada extraño en esa zona.
Recuerde no mirar directamente al punto negro, pues lo verá, su ojo debe estar siempre enfocado sobre el centro de la cruz.
Perfecto, acaba de comprobar lo que su cerebro se esta “inventando”, o si lo prefiere, lo que esta “creando” , ya que el ojo no le está proporcionando ninguna información sobre esa zona en particular.
Bueno, quizá Vd. piense que el cerebro se inventa un “fondo blanco” cuando no encuentra nada, pero esto tampoco es cierto, si prueba hacer el ejercicio anterior con la figura siguiente, verá que el cerebro de hecho reconstruye la imagen con el color que encuentra mas apropiado. De nuevo la posición del cursor cambiara las figuras y colores de lado para que pruebe con el ojo colores que prefiera.
¿ Increible? Pues aún hay más, el cerebro no sólo es capaz de ajustarse al color de fondo, sino que incluso puede reconstruir la línea a través de la zona que cae en la "zona ciega". Pruebe con al figura que sigue.
¿ Qué pasará si la línea penetrara en la "zona ciega" por un lado pero no sale por el otro? (Pruébelo Ud. mismo, sitúese en la posición en que desaparezca el punto negro y entonces haga entrar en dicha zona un lápiz desde un lado, de manera que la punta del lápiz esté justo dentro del punto negro. Pruébelo, si lo desea en la primera figura.
Y, finalmente ¿ Qué pasará si hay "algo" en la zona próxima al punto negro pero sin llegar a entrar en dicho puto, puede ese "algo" interferir en lo que el cerebro "inventa" para colocarlo en la "zona ciega" ? Pruebe las dos versiones siguientes.